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LA BORDA, el edificio construido con estructura de madera laminada más alto de España

La cooperativa priorizó realizar un edificio con el mínimo impacto ambiental, tanto en su construcción como en su vida útil.

Con una superficie construida de 3.000 metros cuadrados, La Borda es actualmente el edificio construido con estructura de madera laminada más alto de España. La estructura de seis plantas de altura es de madera contralaminada (CLT). Este es un material ligero, de alta calidad, renovable en el medio que permite cerrar ciclos, a diferencia de materiales convencionales de la construcción como el acero o el hormigón, que sus producciones tienen un coste energético muy elevado y no son renovables.

El proceso de La Borda se inicia el año 2012 en el marco de la recuperación comunitaria de Can Batlló, donde un grupo de vecinos y vecinas deciden auto-organizarse para resolver de manera colectiva la necesidad de acceso a la vivienda a partir de la implementación de una cooperativa de vivienda en cesión de uso.

La cooperativa de arquitectos Lacol se involucra desde el inicio de la promoción, empujados por la motivación de construir una alternativa en un contexto de grave crisis habitacional en Barcelona. Esta implicación se convierte en una oportunidad para repensar la producción de la vivienda popular, desde abajo y con la participación de las futuras usuarias. Tal y como indican desde la cooperativa Lacol.

La cooperativa priorizó realizar un edificio con el mínimo impacto ambiental, tanto en su construcción como en su vida útil. Otro objetivo básico ha sido eliminar la posibilidad de pobreza energética entre sus usuarias, situación que sufrían algunas de ellas debido al elevado coste de la energía y falta de recursos económicos. La estrategia inicial del proyecto para reducir la demanda energética ha sido la optimización del programa, renunciando al aparcamiento de coches subterráneo, colectivizando servicios y reduciendo la superficie de las viviendas.

“En el ámbito del diseño se han introducido el máximo de parámetros bioclimáticos para conseguir un edificio muy pasivo, con soluciones que implican una acción activa de los usuarios en la gestión climática de la vivienda. El resultado es un consumo energético casi nulo, y por tanto, el confort en las viviendas con el mínimo coste asociado”, explican en Lacol.

La primera acción para reducir de forma considerable el impacto ambiental del edificio fue conseguir no realizar aparcamiento subterráneo para automóviles. Sólo los impactos directos en la construcción y el uso a 75 años permitirán un ahorro de entre 500 y 800 toneladas de CO2. Además esta estrategia conlleva un beneficio directo en la movilidad sostenible y en la reducción de la huella ecológica de las personas habitantes.

En cuanto a la reducción de la demanda, por un lado se han reducido las superficies de las viviendas que necesitan un confort elevado, transfiriendo una parte a los espacios comunitarios donde la demanda asociada al confort es más discrecional. También se han desarrollado hasta su máxima expresión las estrategias bioclimáticas pasivas. Así, se ha diseñado el cubrimiento del patio con un invernadero que permite captar la radiación solar en invierno y hacer efecto chimenea para forzar la ventilación en verano. A esto se añade una buena estanqueidad al aire, trabajar con la inercia de los materiales y una especial atención en el aislamiento térmico.

La Borda cuenta también con un sistema centralizado de generación térmica para el agua caliente y la climatización por medio de una caldera de biomasa, permitiendo optimizar la infraestructura de producción y mejorando el rendimiento y la tecnología al servicio de todo el edificio. Al mismo tiempo se consigue tener un consumo energético sin materias fósiles y totalmente renovables.

VIDA COMUNITARIA

La Borda quiere fomentar formas de convivencia más comunitarias que potencien la interrelación entre las personas habitantes a través de los espacios comunitarios, y establecer vínculos de cooperación en el ámbito del trabajo doméstico y los cuidados visibilizando las esferas privadas de la vida cotidiana.

El edificio contempla un 25% de la superficie construida para espacios comunes, a diferencia de los edificios plurifamiliares convencionales donde suele ser aproximadamente el 10% y donde se reducen los espacios de circulación para conectar la calle con la puerta de cada vivienda. Se cuenta con una cocina comunitaria de 80 metros cuadrados donde hacer comidas de gran formato o convertirse en punto de encuentro, un espacio polivalente cubierto de 100 metros cuadrados, dos habitaciones para invitados, una lavandería y un gran espacio central de circulación, aparcamiento de bicicletas y terrazas exteriores.

Estos espacios comunitarios tienen una triple función. Por un lado, dotar al edificio de espacios de encuentro donde potenciar la relación entre usuarias y generar unos espacios entre el espacio público exterior y el espacio más íntimo de las viviendas. También economizar recursos, haciendo que ciertas infraestructuras no tengan que estar multiplicadas por 28 viviendas, sino que se puedan centralizar mejorando la sostenibilidad económica y ambiental. Al mismo tiempo, permiten aumentar mucho la superficie utilizable por todos los socios, pudiendo disfrutar con la misma superficie total y el mismo coste de muchos más espacios que en una promoción convencional.

Esta premisa obra la posibilidad de repensar el programa de la vivienda colectiva para adaptarlo al modelo de vida que imaginan las futuras usuarias. Se rompe con el esquema del edificio como resultado de la suma de unidades individuales, para entenderlo como una sola casa compartida donde se desdibuja el límite entre el espacio privado y el comunitario.