ACOAN trabaja por mantener vivos los oficios relacionados con el corcho

Un ejemplo de ello lo encontramos en la localidad de Puerto de las Encinas.

La campaña de recogida de corcho se da durante el verano. Hay algunas zonas de España, sobre todo en Extremadura y en Andalucía donde los trabajos relacionados con este sector se siguen manteniendo, aunque cada vez se atisba un futuro más negro ya que, por estacionalidad y dureza, cuesta que los jóvenes quieran continuar con el trabajo de sus padres o abuelos.

Desde los que trabajan en la extracción y saca del corcho, hasta los arrieros y pesadores. Todos esos oficios están en peligro de desaparecer y desde asociaciones ACOAN (Asociación de Corcheros y Arrieros) se lucha por mantener viva una tradición que hace años daba vida a los pueblos de la sierra de Málaga, donde se encuentra el Parque Natural del Alcornocal.

Jesús Jiménez es vecino de Puerto de las Encinas y lleva desde los 15 años trabajando en la saca de corcho. “Los que hemos crecido con ello lo llevamos dentro, hacemos todo el trabajo de forma manual. Es un arte, que gusta, aunque sea muy duro. Yo de aquí no me voy, aquí nací y aquí muero”, afirma.

Jiménez es capataz de una cuadrilla de descorche desde hace 18 años, aunque en el oficio relacionado con el corcho lleva desde hace 24 años, ya que antes hizo las labores de mozo de arriero. “La cuadrilla para mí son todos amigos y compañeros. Hay que estar cómodos trabajando, llevamos juntos muchos años. Nos ayudamos unos a otros y no nos sentimos más importantes unos que otros”.

En cuanto al futuro de la profesión, Jesús lo ve muy negro, ya que en la cuadrilla cada vez son más mayores y no hay un relevo generacional. “El futuro está oscuro ya que la mano de obra cada vez es menos, además somos personas mayores, la gente joven ya no se dedica a ello”.

Este corchero recuerda como en Sierra de las Encinas había dos fábricas de corcho pero se perdieron. “La gente se terminó yendo porque es un trabajo temporal y qué haces en el resto de meses”. Ahora, gracias a la asociación van logrando ganar algo más, pero todo sigue complicado.

En la cadena del corcho también nos encontramos a los arrieros, que son los encargados de transportar la corteza de los alcornocales del monte, ayudados por sus mulos o burros, hasta el lugar donde se pesa. Diego lleva desde los 11 años realizando dicho oficio. “La arriería se termina, no hay futuro, ya que tiene manteca. Tengo cinco hijos y todos lo han dejado. El que no nace para ser arriero no dura en este trabajo, ya que es muy duro”, reconoce.

Uno de los vecinos de Puerto de las Encinas que comenzó como arriero pero que terminó dejándolo por un trabajo más estable es Ángel, quien en sus ratos libres no se ha desligado del corcho y en su taller hace obras artesanales con este material. “Yo era la cuarta generación de mi familia de arrieros, pero lo tuve que dejar, ya que es un trabajo de 30-40 días al año. Me dio mucha pena, porque sabía que era perder la tradición familiar. Lo echo de menos y aún tengo mis mulos”.

En su taller hace guitarras, cucharas, hachas, taburetes, paneras, marcos de fotos… Todo ello con corcho. “El corcho para mí significa todo, lo llevo en la sangre”, apunta.

Por último, entre el arriero y la empresa que compra el corcho nos encontramos con el pesador, otro oficio que está en peligro de desaparición y como todos los relacionados con el corcho es estacional. “Vivir del corcho es muy complicado, ya que solo son unos meses de trabajo al año”, reconoce Pepe, uno de los pesadores de la zona.

Unos oficios, los relacionados con el sector del corcho, que luchan por continuar vivos y seguir dando vida a numerosos pueblos que han vivido de ellos durante muchas décadas.