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Carbonero, un oficio olvidado

Son muchas las profesiones que han ido desapareciendo poco a poco a lo largo del tiempo debido al avance industrial y a la salida de los habitantes de los pueblos a las ciudades. Una de esas profesiones es la del carbonero, que pese a resistirse a una muerte anunciada, al final ha visto cómo terminaba por dejar de existir.

No hace tanto, los carboneros se asentaban en los montes de toda la Península Ibérica. Utilizaban la madera para elaborar carbón vegetal que luego vendían. Su campaña se prolongaba, dependiendo de la zona en la que se encontraran, en verano o a finales del mismo, prolongándose durante el mes de otoño y el invierno.

Una vida dura, ya que los carboneros, durante el tiempo que duraba la campaña, se quedaban a dormir en el monte, en muchas ocasiones acompañados de sus familias, ya que el horno en el que se hacía el carbón debía de estar vigilado continuamente, para ver cómo iba la combustión, el color de humo y tapar agujeros.

 

 

El horno o carbonera era hecho de forma manual por los carboneros. Se tardaba tres o cuatro días en que el carbón se hiciera poco a poco en el horno natural. Luego se extraía y se extendía durante otros dos o tres días para que se enfriase. Tras ello, se transportaba el carbón, antiguamente al lomo de las mulas o burros para llevarlo hasta la localidad más cercana.

La figura de los carboneros fue muy típica en los pueblos, con sus silbatos y trompetillas, junto a sus ennegrecidos carros, esperando que las vecinas salieran a la calle para comprar carbón para cocinar o para los braseros.

Han sido muchas las familias que han vivido del carbón en España durante muchos siglos, pero ya a mediados del pasado siglo XX, el sector se vería desplazado por el petróleo y, posteriormente, por la electricidad. Una demanda que bajó de forma considerable y un trabajo muy duro que, pese a intentar resistir, al final ha terminado por desaparecer, quedando en el recuerdo de todos aquellos que trabajaron como carboneros durante muchas campañas.

En la actualidad, en muy pocas ciudades de España podemos encontrar un carbonero, pero en un negocio y trabajo muy distinto al tradicional. Las nuevas tecnologías permiten hacer el carbón con otras técnicas menos laboriosas. Estas carbonerías aguantan con la venta de carbón para barbacoas, braseros, leña para chimeneas y bombonas de camping gas.

Hace ya décadas que este oficio relacionado con el sector de la madera desapareció. Algo que ha estado muy cerca de ocurrir con otros como el de resinero, el del leñador o el de la saca de corcho. Trabajos que gracias a la crisis por la que pasó España pudieron reflotar, al ser considerados por muchos una posibilidad para volver al mundo rural y volver a explotar los recursos naturales que en él se encuentran, tal y como hicieron hace tiempo sus antepasados.

Un artículo de David López Corralo

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