Ya se conocen los candidatos a ser Árbol y Bosque del Año en España. Un concurso que se creó en el año 2007, por la ONG Bosques Sin Fornteras, siendo el primero en Europa y en el mundo con esta iniciativa. Como continuación de esta iniciativa, en 2011 se creó el premio a nivel europeo Tree of the Year organizado la Fundación Alianza (Nadace Partnerství) que engloba todas las iniciativas nacionales que se han ido creando en los diferentes países.
El objetivo del concurso Árbol y Bosque del Año en España es destacar los interesantes árboles y bosques singulares de nuestro territorio como un importante patrimonio natural y cultural que deberíamos apreciar y proteger. En este concurso, a diferencia de otros concursos, no es importante la belleza, el tamaño o la edad de los árboles o los bosques sino la historia y la relación con las personas y el territorio. Buscamos árboles y bosques que se han convertido en una parte integrante de la comunidad en su sentido más amplio.
EUCALIPTO ROJO DE PAIPORTA
Las primeras fotografías del Ayuntamiento de Paiporta que recogen la imagen del árbol, datan de 1926. Inés y Ángela Ridaura, hermanas y vecinas de Paiporta, comentan que su abuelo, Fausto Ridaura, junto a otros vecinos del pueblo, ayudó a plantarlo. Plantaron el eucalipto del Barranco del Poyo y otros dos más que no sobreviven en la actualidad. Así, el árbol ha sobrevivido a sus dos hermanos y, como evidencian archivos y fotografías en blanco y negro, también sobrevivió a la riada que sufrió Valencia en el año 1957. Durante décadas este árbol ha sido espectador de cómo se ha ido modernizando el pueblo, un testigo privilegiado de la historia local, ha sido fotografiado en las festividades que se han celebrado en la cuenca del barranco y defendido por los vecinos y las vecinas cuando ante algún proyecto urbanístico.

Es un símbolo visual de nuestro paisaje, grabado en la memoria y la retina de las personas que han vivido y viven en Paiporta, y desde el pasado 29 de octubre de 2024, también para el de muchas otras de toda España, e incluso de otras partes del mundo. Ese día, el árbol, gracias a sus profundas raíces, sobrevivió a una devastadora barrancada. La DANA que provocó esta catástrofe nos convirtió en virales, y el árbol comenzó a aparecer en medios de comunicación y redes nacionales y extranjeros. El voluntariado ayudó a limpiarlo y cuidarlo. Como un símbolo de resiliencia, vida y esperanza, durante estos meses le hemos visto incluso decorado con luces en Navidad. Hoy, aunque todavía está lejos de recuperar su frondosidad y aspecto de antes, presenciamos cómo va recuperando su corteza, su color…
EL TILO Y LA TILA DE EL ARENAL
La historia de la Tila y el Tilo se remonta a la construcción de la escuela, haya en 1925, cuando fueron plantados. Desde entonces son compañeros de juegos y maestros de todos los niños que han pasado por la escuela. Somos un pueblo de apenas mil habitantes, esto hace que todos los niños del pueblo hayan estudiado bajo sus ramas.

En mi caso son 4 generaciones, conocieron a mi abuela y ahora ven corretar a mi hijo entre sus raíces. Es tal el vínculo que tenemos con estos árboles que este año en la celebración de los 100 años de la escuela contaron anécdotas de sus vivencias distintas personas de distintas edades y es increíble como muchas de ellas estaban ligadas directamente con los tilos, unos árboles que nos acompañan desde el principio a todos los habitantes de El Arenal.
OLMA DEL MUSEO CASA DULCINEA EL TOBOSO
La personas mayores del pueblo recuerdan esta olma más grande rodeada de otras menores desde siempre y está asociada desde hace unas décadas al Museo Casa de Dulcinea. Ha ido creciendo con el tiempo hasta sobresalir de forma majestuosa sobre los tejados y la torrecilla de dicho museo, que recrea una casa solariega de un hidalgo manchego del siglo XVI, concretamente la del doctor en leyes por la universidad de Bolonia Don Esteban Martínez Zarco de Morales Villaseñor, cuyos escudos se conservan sobre el dintel de la puerta de entrada.

La leyenda dice que una hermana de dicho doctor, Ana Zarco, pudo inspirar el personaje de Dulcinea. Por eso se conoce popularmente a esta olma como «la olma de Dulcinea», que sobrevivió a la pandemia de grafiosis que diezmó este árbol en toda Europa desde los años setenta del siglo pasado. Ha crecido junto a un pozo, lo que le permite el acceso a una humedad constante. Este grupo de olmas están cuidadas profesionalmente por técnicos asociados al Museo, especialmente en lo referente a las podas. Es un símbolo de resistencia asociado al personaje cervantino de Dulcinea de El Toboso.
FICUS CEIP HUERTA DE SANTA MARINA DE SEVILLA
El Ficus no solo es el corazón de nuestro colegio, sino un testigo vivo de la historia del barrio. Su antigüedad, El edificio fue ideado en 1929 e inaugurado en 1937, pasando por la II República, la Guerra Civil y su transformación posterior. El ficus ha sido testigo mudo de todos estos momentos históricos y de las luchas vecinales que consiguieron reabrirlo como colegio público en 2008. El ficus es un símbolo del centro y un punto de encuentro.

Representa la constancia y el esfuerzo de la comunidad educativa (profesores, familias, alumnos) que luchó por mantener el colegio abierto y vivo. Como parte del patio escolar, el ficus forma parte del paisaje cotidiano de más de 400 alumnos. Es un aula al aire libre, un elemento central en el patio de infantil y el proyecto educativo del centro. Su sombra y presencia son esenciales para la vida diaria del colegio. lo convierte en un valioso patrimonio.
METROSIDEROS DE LA POLICÍA LOCAL DE A CORUÑA
Es el padre de los metrosideros de la ciudad y una curiosidad que trasciende al ámbito internacional e histórico. Es muy similar en tamaño a lo ejemplares más grandes de su lugar de origen: Nueva Zelanda, por lo que existe gran controversia internacional acerca de por qué está en A Coruña y quién pudo haberlo traído. Existen indicios de que el marino español Francisco de Hoces, a bordo de la carabela san Lesmes, llegase a las costas neozelandesas en 1526, aunque no había pruebas concluyentes. Recientemente historiadores sospechan que este ejemplar podría ser la prueba que falta.

Hay un libro publicado en 2016 que indaga sobre el tema, está traducido al español, «Nueva Zelanda, un puzle histórico. Tras la pista de los conquistadores españoles» del escritor y marino neozelandés Winston Cowie.
OLMA DE ARANZUEQUE
La espectacular Olma de Aranzueque , es de los pocos ejemplares que continúe en pie y sana después de sobrevivir a la temida grafiosis que asoló la comarca. Situada en la plaza mayor del pueblo, nos da sombra y cobijo desde aproximadamente 1840.

La Olma de Aranzueque, es querida por todos sus vecinos. Está situada al noroeste de la plaza, sobre un alcorque circular de 2 metros de diámetro, cerrado por un bordillo de piedra. Es la primera imagen que ven los visitantes cuando entran en la plaza del pueblo, su majestuosa copa redondeada y frondosa desde la primavera, en la que está en todo su esplendor, hasta bien entrado el otoño que empieza a caer sus hojas. Que no contaría este impresionante ejemplar si se le preguntara, testigo de fiestas, alegrías y de penas, primeros besos sentados en su barbacana…
Los vecinos estamos tan orgullosos de nuestra Olma, que queremos que toda la gente posible, sea conocedora de su existencia y la pueda admirar.
LA ENCINA DOÑA ELENA DE QUINTANAR DE LA ORDEN
Estamos ante la más vigorosa de las encinas, Doña Elena, la centenaria del monte de Quintanar de la Orden (Toledo). En su pasado tuvo una gran extensión del bosque mediterráneo hasta los siglos XIX y XX que se pusieron estos terrenos al servicio de la agricultura y ganadería, por medio de la quema y roturación de toda la vegetación existente.
La encina está situada entre los términos de Los Hinojosos (Cuenca), Villanueva de Alcardete, El Toboso y ubicada en Quintanar, todos en la provincia de Toledo; realza majestuosamente sobre los campos de viñedos y olivares.

Actualmente hay extensiones de masas forestales, principalmente encina, romero, tomillo…, varias manchas forestales que no están suficientemente cuidadas pero que constituyen un importante exponente del antiguo bosque mediterráneo.
En el término municipal que se encuentra, llamado originalmente Quintanar de la Encina, por el gran número que de ellas existían; posteriormente, la Orden de Santiago que estuvo asentada en esta zona de la Mancha, cambió su denominación por la actual, Quintanar de la Orden.
En su escudo desde su creación está simbolizada la encina, como elemento principal.
La Encina que se presenta, es conocida popularmente como Doña Elena, que era la propietaria hace más de cien años, Dª Elena García-Pando.
La escena de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, en su capítulo IV de la primera parte, en la “…Y a pocos pasos que entró por el bosque, vio atada una yegua a una encina, y atado en otra a un muchacho,…” donde era azotado por su amo que era “…es Juan Haldudo el rico, el vecino del Quintanar”. Esta escena asocia la encina y el bosque, monte de Quintanar. La importancia del monte y la encina en este término de la población quintanareña.
PINO EL ESCOBÓN DE LINARES DE MORA
El Pino del Escobón ha sido declarado Árbol Singular de Aragón. Pertenece a la especie Pinus nigra subespecie salzmannii. Tiene más de 400 años de antigüedad.

Es el pino laricio más alto inventariado en la provincia de Teruel. Su altura ronda los 28-30 metros. En su tronco y base se observan huellas de uso tradicional: un hueco interior que antiguamente se utilizaba para extraer teas o madera destinada a la iluminación, y marcas en la corteza por la extracción de resina. Está ubicado en el barranco del Pino, cerca del río Linares, dentro de Linares de Mora, en la Sierra de Gúdar-Javalambre.
Actualmente cuenta con un área recreativa en torno al árbol con mesas, parrillas, puente y zona de merendero, lo que facilita su visita. En el año 2015 fue declarado oficialmente Árbol Singular por el Boletín Oficial de Aragón.
ALMEZ DEL PARQUE BRUIL DE ZARAGOZA
La historia del Almez es inherente a la historia de la finca en la que se encuentra, hoy el actual Parque Bruil. Es verdad que no existen datos sobre la edad concreta de nuestro candidato, pero técnicos expertos en arboricultura apuestan casi seguro que se trata de un árbol centenario. En cuanto a la finca en la que se encuentra, fue en origen el espacio histórico del olivar del Convento de San Agustín, protagonista a la vez que testigo de las diferentes etapas históricas de la ciudad.

Con motivo de la Guerra de Independencia Española, aquellos olivos, en su día cultivados con mimo por los Padres de San Agustín, fueron talados antes del asedio francés, con el fin de evitar que los soldados enemigos pudiesen utilizar los troncos como parapeto. Con la práctica destrucción del Convento de San Agustín durante el Segundo Sitio de Zaragoza (1809) y la posterior desamortización de Mendizábal, los terrenos pasan a manos del estado.
No es hasta el año 1842 cuando podemos hablar del origen del actual parque: la Finca Torre Bruil, debiendo su nombre a Juan Faustino Bruil y Olliarburu ( 1818- 1878), quien compró por 40000 reales la que fuera propiedad de los agustinos, ampliándola con la adquisición de terrenos colindantes de huertos y olivares e instalando allí su lujosa residencia. Fue pretensión de este banquero y hombre de negocios aragonés crear un ambicioso y ornamental jardín, que a ojos de los ciudadanos era un vergel para disfrute de la elite burguesa de la ciudad. Juan Bruil había conseguido cumplir su sueño de convertir unos terrenos yermos en una frondosa finca con gran variedad de ejemplares de plantas y árboles, además de traer diferentes especies animales. Si bien se trataba de un espacio privado, Juan Bruil accedió a que los ciudadanos pudiesen visitar los días festivos aquel maravilloso lugar de esparcimiento.
Después de la familia Bruil, la finca pasaría por otras manos y modificaciones más o menos acertadas como incluso albergar un campo de fútbol. Sí es verdad que la finca ya nunca perdería su esplendor como terreno que había sido creado para albergar gran variedad de ejemplares de árboles, arbustos y plantas, así como seguir siendo espacio importante para la vida social que allí se desarrollaba. Después de un paréntesis de abandono durante la guerra civil, el Ayuntamiento de Zaragoza consigue expropiar los terrenos y es el 18 de julio de 1965 cuando se inaugura oficialmente el Parque Bruil, en homenaje al nombre del que había sido en realidad su fundador y mentor.
En este contexto, aunque se desconoce la edad exacta del Almez, su carácter casi centenario le convierte en testigo de la historia del barrio y de la vida social desarrollada en esta parte de la ciudad, siendo en este sentido un icono de la memoria de la vida que los barrios colindantes desarrollan en este espacio desde hace décadas. Constituye también un importante elemento de referencia en el espacio público que se encuentra, ordenando sutilmente la actividad en el parque: desde celebración de cumpleaños, pasando por partidos de fútbol espontáneos y otros juegos de los más jóvenes del barrio, hasta los encuentros de familias y amigos que toman algo en la terraza con vistas al Almez o vecinos que pasean a sus perros a diario o los que juegan a la petanca una mañana de domingo. Para todos es el Almez un elemento espacial que nos orienta, pero que también nos acompaña y cobija con su majestuosa presencia.
Como último dato, citar que el almez es catalogado en 2019 como “Árbol Singular Urbano de Zaragoza”.
LA MORERA DEL TÍO PEQUEÑO “EL PARDO” DE LA ALBATALÍA (MURCIA)
La elección de una morera para esta candidatura es profundamente significativa, ya que este árbol está intrínsecamente ligado a la histórica cultura de la seda en la Región de Murcia. Durante varios siglos, Murcia fue un centro neurálgico de la producción de seda en Europa, una actividad económica y cultural que dejó una huella indeleble en la identidad de la región. Las moreras, cuyas hojas son el alimento exclusivo de los gusanos de seda, fueron cultivadas extensivamente en la huerta murciana, convirtiéndose en un pilar fundamental de esta próspera industria.

La Morera del Tío Pequeño “El Pardo”, con su venerable edad, representa la herencia de esta tradición sericícola, evocando un pasado de esplendor y trabajo artesanal que encumbró a Murcia en el contexto europeo.
La Morera del Tío Pequeño “El Pardo” es un testigo vivo de más de 200 años de historia. Su avanzada edad y sus dimensiones la convierten en un ejemplar excepcional de Morus alba (Morera blanca). Este árbol es un símbolo de la resiliencia y la riqueza natural de la Huerta de Murcia, un paisaje cultural único que ha sido moldeado por siglos de interacción entre el ser humano y la naturaleza. Su presencia imponente en La Albatalía no solo embellece el entorno, sino que también sirve como un recordatorio tangible de la importancia de preservar nuestro patrimonio arbóreo y cultural.
