La Encina del Monte de La Redonda, Arbol del Año 2023 en España

Ha sido la ganadora con un total de 6128 votos.

La Encina del Monte de La Redonda, ubicada en Colindres (Cantabria), ha sido la ganadora con un total de 6.128 votos para ser Árbol del Año 2023 en España.

En el año 2019, el Ayuntamiento de Colindres puso en marcha un proyecto de recuperación paisajística y cultural en la Sierra de Colindres, denominado “Corredor Verde”. El objetivo de este corredor es unir dos pequeños reductos de bosque autóctono que aún hoy resisten en estos montes, a pesar de las talas masivas que sufrieron durante siglos, en primer lugar, para el aprovechamiento de la madera como recurso para la construcción naval y, posteriormente, para transformar su espacio en prados y pastos capaces de mantener la importante actividad agroganadera que se impuso en la zona.

Pero el progresivo declive que desde hace años viene experimentando el sector agropecuario está dejando en desuso numerosas praderías. “Con nuestro proyecto, hemos comenzado a convertirlas en los bosques que fueron, y, a pesar de las zancadillas que nos ha puesto la pandemia COVID 19, ya contamos con unos 2.000 árboles plantados gracias a la participación del alumnado de los centros educativos del municipio y de actuaciones de voluntariado, organizadas por varias asociaciones y ONG, en el marco de un programa de compensación de emisiones de CO2” indican desde el Consistorio.

“Con este concurso, queremos haceros parte de nuestro proyecto y nos comprometemos a convertir cada uno de vuestros votos en árboles, los árboles de un nuevo bosque presidido por una vieja encina que nunca más se sentirá sola, la Encina de San Roque de Colindres”, recalcan.

HISTORIA, LEYENDA Y CURIOSIDADES

En el Monte de La Redonda, en el barrio de San Roque de Colindres, esta vieja Encina arraiga sus raíces desde hace cuatrocientos años junto a una ermita dedicada al santo que le da su nombre.

Antiguamente, este lugar fue un denso bosque mixto atravesado por uno de los caminos más importantes de la península desde la Edad Media, el Camino Real o de Castellanos. Fue utilizado durante siglos por los mercaderes de la lana y el trigo quienes, desde Castilla, trasladaban sus mercancías hasta los puertos de Colindres y Laredo para embarcarlas rumbo a los países del norte de Europa.

También grandes reyes y reinas lo transitaron en sus numerosos viajes de estado. Juana de Castilla, acompañada de su madre la reina Isabel La Católica, tomó este camino hasta el puerto de Laredo, donde embarcó destino a Flandes para desposarse con Felipe de Habsburgo.

Carlos V también eligió este trayecto, tras su último desembarco, buscando su retiro en el monasterio de Yuste. Y su hijo, Felipe II, lo anduvo en más de una ocasión, entre otros muchos asuntos, para crear muy cerca de este lugar, uno de sus “Huertos del Rey”, un vivero al que llegaron diversas especies de árboles desde los países del norte de Europa destinados a decorar los jardines de los palacios reales de España.

Durante el siglo XVII, en pleno apogeo de los Reales Astilleros de Falgote, cuando la encina era aún un retoño, en las riberas de Colindres, se construyeron grandes galeones para la Armada Real y la Carrera de Indias.

La gran la demanda de materias primas, madera de roble y castaño para la construcción de barcos y de encina para la obtención de carbón para las fábricas de balas y cañones, esquilmaron los bosques de Colindres y sus alrededores, dejando un paisaje deforestado para la posteridad. Pero, a pesar de aquel trajín, la Encina de San Roque permaneció ahí.

En 1778, casi un siglo después del ocaso de los astilleros, la encina de San Roque aparece representada, destacando su magnífico porte, en el plano de la Ruta de la Sal (conservado en el Archivo Histórico Nacional), documento utilizado por los mercaderes de aquel denominado oro blanco que, extraído de las minas de Burgos, era transportado hasta los pueblos de la costa, donde fue muy necesario para la elaboración de pescados en salazón.

La longeva y misteriosa permanencia de la encina de San Roque en este paraje, que no sucumbió ante ninguna de las adversidades que tan de cerca vivió, es contada a los lugareños más pequeños cuando se acercan hasta ella para homenajearla el Día Mundial del Medio ambiente.

Y cada mes de agosto, coincidiendo con su onomástica, San Roque convoca a un animado público alrededor de su ermita y de nuestra vieja encina para participar en una popular fiesta campestre.