Promover la figura del selvicultor activo se ha convertido en una necesidad urgente para la provincia de Cuenca. En un contexto de abandono rural, aumento del riesgo de incendios y nuevas oportunidades vinculadas a los servicios ecosistémicos, la activación de los montes se ha convertido en un reto estructural para el territorio. Sus bosques crecen, se expanden y acumulan biomasa, pero gran parte de su potencial continúa sin aprovecharse.
Para comprender cómo esta figura puede influir en la gestión forestal y dinamizar la economía local, hemos hablado con Víctor Alcocer Navalón, gerente de PRODESE, uno de los actores implicados en el desarrollo del programa Selvicultor Activo dentro del proyecto UFIL – Urban Forest Innovation Lab. “El monte necesita continuidad y presencia constante. If no se gestiona, pierde valor y aumenta el riesgo de incendios”, explica Alcocer.
CUENCA TIENE UN TERRITORIO FORESTAL EXTENSO, PERO INFRAUTILIZADO
Cuenca cuenta con una de las superficies arboladas más extensas de España. Sin embargo, apenas se aprovecha un 12% del crecimiento anual de sus bosques. Este desequilibrio provoca una acumulación de combustible, limita la renovación natural y frena un potencial económico que podría contribuir al desarrollo rural.
El concepto de selvicultor activo surge precisamente para revertir esta dinámica. Según Alcocer, se trata de “un propietario o gestor que se implica de forma directa, planifica, ejecuta tratamientos y aprovecha el monte de manera sostenible”. No basta con poseer un terreno: la clave está en mantenerlo vivo, productivo y en evolución continua.
La figura cobra especial sentido en un territorio marcado por la despoblación y el envejecimiento. Muchos propietarios viven fuera, desconocen los trámites o carecen de apoyo técnico. El resultado es un monte inactivo que deja de generar valor ambiental y económico.
ACTIVAR LA GESTIÓN DESDE EL TERRITORIO
El programa nace en el marco de UFIL y su propósito es introducir nuevas formas de gestión forestal, reactivar la cadena de valor y conectar el potencial del bosque con el desarrollo rural. Uno de los grandes aciertos ha sido llevar esta visión innovadora directamente al territorio y a los propietarios forestales.
Para Alcocer, este salto “solo es posible cuando existe una estructura cercana que permite transformar la estrategia en acciones reales”. En este caso, el apoyo del Grupo de Acción Local PRODESE ha facilitado la llegada del programa a los municipios, pero siempre dentro de una hoja de ruta definida por UFIL, centrada en activar los montes y mejorar su gestión.
La iniciativa se centró desde el inicio en un problema clave: la falta de ejecución de los Instrumentos de Gestión Forestal Sostenible. Aunque muchos montes contaban con planes aprobados, permanecían inactivos. El equipo del programa revisó esos documentos, identificó actuaciones detenidas y las reactivó mediante visitas de campo, inventarios simplificados y estudios de aprovechamientos. Este trabajo metodológico, alineado con los objetivos de UFIL, permitió desbloquear intervenciones que llevaban años pendientes.
EL RETO INVISIBLE: MILES DE PARCELAS Y UNA GESTIÓN DIFÍCIL DE COORDINAR
En la provincia de Cuenca existen más de 750.000 propietarios forestales frente a una población que no supera los 200.000 habitantes, una situación derivada de la transmisión histórica de pequeñas parcelas entre generaciones. Esta realidad complica cualquier actuación conjunta.
“La fragmentación encarece los trabajos, dificulta la planificación y hace casi imposible avanzar si cada propietario actúa por su cuenta”, explica Alcocer. Cualquier tala, desbroce o tratamiento selvícola puede quedar paralizado si uno solo de los colindantes no participa, encareciendo o incluso haciendo inviables muchas operaciones.
El programa ha demostrado que activar un monte requiere tanto acompañamiento técnico como capacidad para agrupar y coordinar esfuerzos. Por ello, uno de los aprendizajes clave ha sido el impulso de asociaciones y modelos de gestión compartida. Esta dimensión social se revela esencial en un territorio donde la despoblación dificulta cualquier proceso.
DE LOS PLANES A LOS HECHOS: ACTIVAR MONTES CON APOYO TÉCNICO
Durante el programa, el equipo de UFIL puso en marcha un proceso intensivo de activación forestal. Las visitas al terreno permitieron identificar recursos sin utilizar, analizar la calidad de los rodales y conectar a los propietarios con empresas del sector. Muchos propietarios no sabían a quién dirigirse para comercializar madera o biomasa.
Una de las aportaciones más innovadoras ha sido la cuantificación de servicios ecosistémicos. “Mostrar el valor del carbono, la biodiversidad o la regulación hídrica cambia la forma en la que el propietario mira su monte”, señala Alcocer. Este trabajo abre la puerta a futuras vías de ingresos vinculadas a mercados emergentes.
El programa también impulsó la certificación forestal FSC® como herramienta para mejorar la trazabilidad, acceder a mejores mercados y preparar el terreno para certificaciones de servicios ecosistémicos. Propietarios que nunca se lo habían planteado han entendido sus beneficios y recibido orientación.
Los resultados han sido significativos: reactivación de montes tras años de inactividad, desbloqueo de actuaciones previstas en los IGFS y un cambio de actitud entre los participantes. Muchos han pasado del miedo a la acción. “El propietario ve que es posible, que hay apoyo y que el monte responde. Eso cambia la motivación”, apunta Alcocer.
UN CAMBIO DE MIRADA: DEL MONTE PASIVO AL MONTE VIVO
El programa ha logrado que los propietarios reconozcan el valor real de sus montes. Entender su potencial para absorber carbono, reducir riesgos o mejorar la biodiversidad amplía la visión tradicional, vinculada casi exclusivamente a la madera.
Esta transformación ha sido posible gracias al acompañamiento cercano, que ha resuelto dudas, clarificado trámites y generado confianza. Según Alcocer, “activar el sector forestal requiere tiempo y continuidad, igual que el propio ciclo del monte”.
Estos cambios, aunque progresivos, muestran que la gestión activa puede volver a tener un papel estructural en la provincia. La figura del selvicultor activo tiene un potencial decisivo para el futuro de la Serranía de Cuenca. Un monte gestionado genera empleo, moviliza la cadena de valor y reduce riesgos. Pero, además, permite abrir vías de ingresos a través de los servicios ecosistémicos, un campo en expansión.
“El selvicultor activo profesionaliza la gestión, la ordena y la hace visible. Eso posiciona al territorio en la economía forestal moderna”, señala Alcocer. La certificación, la trazabilidad digital y los nuevos mercados ambientales serán claves para consolidar un modelo económicamente sostenible.
“No se pueden esperar resultados inmediatos. Pero activar montes, despertar interés y acompañar decisiones es el paso imprescindible”, afirma Alcocer. Ese primer movimiento sienta las bases para la bioeconomía forestal que UFIL impulsa: un modelo en el que el bosque se convierte en un recurso vivo, con capacidad para generar valor y reforzar el desarrollo rural.
