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Jorge Palacios expone en Madrid después de conquistar Nueva York

Un joven escultor madrileño ha conquistado a la crítica norteamericana con una intervención de arte púbico en Manhattan.

Desde el próximo 17 de septiembre, Jorge Palacios (Madrid, 1979) presenta en la Galería Kreisler de la capital de España una selección de piezas inéditas junto a algunas de las más icónicas de su trayectoria.

Esculpiendo emociones

Su escultura ‘Sketch in the air’ en Manhattan fue escogida recientemente por la crítica norteamericana como una de las diez mejores intervenciones de arte público de la ciudad y varios de sus trabajos, expuestos a través de su galería neoyorquina, han pasado a formar parte de importantes colecciones privadas de los Estados Unidos. Tras el éxito de la aventura americana, Jorge Palacios presenta en Madrid una selección de piezas icónicas en su próxima exposición ‘Morfologías Formales’.

Desde el 17 de septiembre al 10 de octubre, ‘Morfologías formales’ presentará en Madrid algunas de las últimas obras del artista, inéditas hasta el momento, junto a otras de sus principales piezas icónicas que se muestran por vez primera en la capital. Con nombres como ‘Mercurio en movimiento’, ‘Gota fluida’, ‘Asimetría convexa’…, en este nuevo proyecto, a través de sus esculturas, Palacios reflexiona sobre el momento de tránsito de un elemento en transformación; sobre ese instante detenido en el tiempo, partiendo para ello del estudio del estudio del comportamiento de los fluidos. «El estudio de la mecánica de fluidos o el efecto de la gravedad sobre la tensión superficial han supuesto para mí herramientas inspiradoras a la hora de materializar las sensaciones que pretendo transmitir a través de mi obra», explica el artista.

Pese a su juventud, Jorge Palacios (Madrid, 1979) cuenta con una sólida trayectoria de más de quince años. El crítico neoyorquino Alejandro Pardo afirma de Palacios que «es una de las figuras más vibrantes y sólidas de la escultura española contemporánea, con un trabajo consistente y potente desde su gran coherencia. En su obra sus generosas curvas transmiten un inequívoco sentido de la rotundidad, un evocador contraste entre ligereza y densidad (…). Palacios muestra interés por combinar la calidez de las maderas con la frescura de diferentes formas fluidas». Por su parte, la prestigiosa editora norteamericana, Annie Block, añade que «si a los estilos escultóricos de Barbara Hepworth, Henry Moore, Isamu Noguchi y Martin Puryear se le añade un punto de vista español, se llega a la obra de Jorge Palacios».

En esta nueva muestra Palacios nos habla de formas precisas, de esculpir emociones y conceptos intangibles a través del movimiento, o de la ausencia de él. Nos habla de la inspiración y de las sensaciones que le producen el modo en el que un elemento pasa de un estado a otro, de la forma transitoria que adquiere una sustancia que, como un fluido, se encuentra en constante cambio, así como de transformaciones, procesos a nivel celular, formas que emanan de la tierra… elementos todos ellos en tránsito que, al convertirse en escultura, se encuentran detenidos en el tiempo, congelados a través de la abstracción en un instante esculpido.

Jorge Palacios

Nacido en Madrid en 1979, Jorge Palacios profundiza en la ciencia y la naturaleza para encontrar volúmenes y formas geométricas puras y esenciales, en muchos casos moleculares, sobre las que trabaja inspirándose para alcanzar la máxima expresividad a través de la mínima expresión.

Su obra escultórica ha podido verse en la vía pública en diálogo con espacios emblemáticos como el Trump SoHo New York –donde ha sido seleccionada por la prensa especializada como una de las diez mejores obras de arte público de Manhattan–, el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial de Madrid, en el jardín de esculturas de Floridablanca, junto a la Puerta del Sol, en el entorno de la Puerta de Bisagra o ante el Museo de Santa Cruz, como parte de su exposición de esculturas urbanas en las calles de Toledo, o más recientemente en el edificio Torres de Colón de Madrid.

A pesar de su juventud, ha expuesto junto a los artistas de mayor prestigio internacional como Andy Warhol, Damien Hirst, Sol Lewitt, Olafur Eliasson, Jean Tinguely, Ernesto Neto, Michelangelo Pistoletto o John Baldessari.

Sus esculturas recorren la geografía del planeta (Canadá, Suiza, Estados Unidos o España), en colecciones públicas o privadas, ha participado en las principales ferias internacionales de arte contemporáneo de Estados Unidos, Bélgica, Países Bajos, Italia…, así como en proyectos internacionales para diferentes ciudades (Toronto, Seúl, Chaco, Ciudad de Panamá, Nueva Orleans…).

La experiencia de Palacios concibiendo proyectos site–specific nos habla del gran interés e importancia que tiene para él, en su planteamiento artístico, la búsqueda del diálogo entre sus esculturas y el entorno que las rodea. Para ello, ha contado con firmas de arquitectura y paisajismo como aliadas para abordar o realizar este tipo de proyectos.

En Nueva York Palacios ha sido fichado por la mítica Fridman Gallery, en Madrid trabaja con la Galería Kreisler y, recientemente, acaba de firmar un acuerdo de representación con la emblemática Monaco Fine Arts de Monte-Carlo.

Aproximándonos a “Morfologías Formales”

Según los principios de la mecánica de fluidos, como parte de la física que se ocupa de predecir el movimiento de estos elementos, se puede llegar a deducir matemáticamente el comportamiento de un fluido en función de su densidad o viscosidad y se puede anticipar cómo se moverá el agua, la miel, la sangre o un elemento que, como el mercurio, tiene una densidad 13,6 veces superior a la del agua.

La capacidad de captar el momento de un elemento en transformación, ese instante detenido a través de una escultura, puede apreciarse en los trabajos de Palacios que se mostrarán por primera vez al público en esta exposición, como en la pieza ‘Mercurio en movimiento’, una gran escultura a través de la cual reflexiona sobre el concepto del movimiento en el elemento fluido capturando el momento de tránsito y atracción en el que dos gotas de mercurio se unen en una sola.

En la obra ‘Gota fluida’, juega contando con el conocimiento empírico colectivo; ese conocimiento universal que permite al espectador predecir o deducir la acción del movimiento. Esto permite a Palacios jugar con una sensación esperada de fluidez. La gravedad sugerida que correspondería a esta tensión superficial y la elasticidad aparente de este material contrasta con el hecho tangible de que, en realidad, nos encontramos ante a una obra realizada en madera.

‘Asimetría convexa’ hace patente, en el trabajo de Palacios, el uso de la curva Bézier –un tipo de línea curva ideada por medio de un método de descripción matemática–. En palabras de la crítica de arquitectura y comisaria Anatxu Zabalbeascoa, «el trabajo de Palacios invita al tacto, a la imaginación, a la libertad. Lo hace desde los cálculos geométricos. Eligiendo, por ejemplo, la curva Bézier (una de las más presentes en la naturaleza)». Obras como ‘Asimetría convexa’ funcionan para Palacios a modo de oxímoron escultórico, en las que transmitir desde lo rotundo la sensación de liviandad y ligereza.

En la obra de Palacios se produce una transposición de experiencias sensoriales; lo que se conoce como sinestesia. La expresión de sensaciones propias de los elementos líquidos a través de un material sólido como es la madera, consigue que ese movimiento inherente a los elementos fluidos se traspase y consiga ser expresado a través de estas esculturas sólidas, de por sí estáticas e inmóviles. Así Zabalbeascoa incide en que «si el significado depende del modo en que cualquier forma de ser contiene la experiencia latente de su opuesto, la frontera entre el reposo y el movimiento emana de los trabajos de Palacios cuando la madera persigue una curva (…) es la curva la que decide el movimiento de sus tres dimensiones».

Tensión, equilibrio, velocidad, formas que emergen de la tierra, como es el caso de la escultura ‘Brotes’. Todos estos conceptos están presentes en la obra de Palacios, que transmite este movimiento en la materia, estos efectos físicos que se producen y que la hacen vibrar, a través de las esculturas.

«Para mí lo verdaderamente importante es que una obra haga vibrar al espectador. No creo que sea necesaria la racionalización completa de la obra; no hace falta entender para sentir, aunque sí para expresar, por lo que espero que mi obra conmueva».

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