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MONTEMAYOR DE PILILLA presume de plaza de toros de madera única en España

El pueblo de Montemayor de Pililla (Valladolid), de apenas mil vecinos, esconde un gran tesoro en su plaza de toros, que tiene más de 350 años de historia, se monta y desmonta cada año desde hace más de tres siglos.

Su superficie es de unos 1.500 metros cuadrados y la estructura es de postes de rollizos de madera de pino, de sección circular, que se anclan al terreno sobre los que se apoyan las vigas de madera de sección cuadrada y rectangular formando pórticos. Un sistema que se realiza en dos filas, una en el perímetro del ruedo y otra en el exterior del entablado. Para asegurar la estabilidad del conjunto se colocan otros postes de madera de pino inclinados acodalados a modo de contrafuertes. Sobre estas vigas, unas viguetas de madera de pino de sección rectangular sobre las que se clavan las tablas del entablado y encima de estos, tres filas de bancos para el público.

Para la formación de la barrera del ruedo, se colocan otros pies derechos de madera que son de menor diámetro pero de mayor longitud, a modo de talanqueras, y que se denominan burladeros. En su parte inferior se anclan al terreno con la misma profundidad que los estructurales, mientras que su parte superior se clava a la viga en su cara lateral externa, por lo que sobresalen con respecto al nivel del entablado, lo que sirve para formar una barandilla en la parte superior, con listones de madera de sección rectangular clavados del lado del entablado.

La Junta de Castilla y León declaró esta peculiar plaza como Bien de Interés Cultural, con carácter inmaterial en el año 2017, tras más de diez años demandándolo por los distintos gobiernos municipales.

EL PINO, SEÑA DE IDENTIDAD DE LA COMARCA

La importancia tradicional de la economía montemayorense, bien conocida desde época medieval, residía en la explotación del pinar, del que se obtenían pingües beneficios para los vecinos de la localidad. Es precisamente el uso de este recurso común, el pino, para la construcción de la plaza atalancada, una de las señas de identidad reconocibles de la arquitectura popular en este territorio.

De tipología singular, la plaza atalancada sigue el ancestral modelo basado en disponer dos niveles; el superior, dotado de bancadas y el inferior, cerrado con empalizada, de modo que es posible hallarse más o menos cerca del toro conforme a la voluntad de cada uno. Hasta época reciente era costumbre que los mismos vecinos construyesen la plaza, tras el sorteo que se realizaba en el Ayuntamiento de las partes del mismo entre las diversas familias y peñas.

En la actualidad, por razones de organización y seguridad, esta labor recae ahora directamente en el Ayuntamiento, si bien los vecinos siguen participando activamente.

Hasta 1693, el corro de la iglesia fue el lugar elegido para la colocación de la plaza de toros. Posteriormente, como consecuencia de las obras realizadas en la iglesia, la plaza de toros se construye en la Plaza Mayor de la villa, hasta que hace aproximadamente treinta años, por motivos de funcionalidad se elige una ubicación a las afueras del pueblo, entre las calles Aldealbar y Saliente.

Una vez concluida la fiesta, la plaza de palos empalizada se desmonta y sus materiales son almacenados hasta el siguiente año, sustituyéndose aquellos elementos que puedan presentar defectos por el paso del tiempo.

El carácter efímero de la plaza exige que los materiales se conserven año tras año, entendiendo que en caso de deterioro puedan ser sustituidos por otros de similares características, sin que ello suponga menoscabo o pérdida de sus valores. La propia ubicación de la plaza ha ido variando a lo largo de los años, considerándose especialmente positivos aquellos cambios tendentes a la instalación de la plaza en su ubicación original.

La singularidad e importancia de la Plaza de Toros la Empalizada viene dada por este carácter efímero, que surge y desaparece cada año; por su proceso de construcción artesanal con técnicas y soluciones características; por la utilización de unos materiales determinados que provienen del territorio del común y por una ejecución solidaria a la que contribuye la propia comunidad.

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