martes , 16 de octubre de 2018

España posee una ordenación urbanística en muchos lugares de su geografía que no tiene en cuenta el peligro real que suponen los incendios forestales.


Basta con darse una vuelta por la Costa del Sol, la Costa Dorada, el Levante, la sierra de Madrid o Islas Baleares para saber de qué estamos hablando; la presencia de urbanizaciones, edificaciones, infraestructuras y personas en contacto directo con zonas forestales influye de forma determinante en el comportamiento de un posible incendio forestal y en la forma de atacarlos.

Resulta imprescindible, que con el fin de reducir el riesgo y evitar futuros daños en la medida de lo posible, se realice una planificación a todas las escalas (prevención, emergencias y autoprotección) de estas zonas especialmente sensibles para abordar el problema desde todas sus dimensiones. No queremos que lo sucedido en un pasado reciente en Estados Unidos, Canadá, Chile, Sudáfrica, Portugal y ahora Grecia se repita en nuestro país. Pero estamos tentando a la suerte.

Se debe exigir que existan planes de prevención contra incendios forestales en todas las zonas de alto riesgo declaradas por las Comunidades Autónomas, especialmente en urbanizaciones y lugares de masiva afluencias turística. Simplemente hay que cumplir la normativa vigente.

 

 

Estos instrumentos de gestión son la forma más eficaz de mejorar las acciones de prevención ya que en él se planifican las actuaciones para intentar reducir el número de incendios y sus consecuencias en caso de producirse.

Corresponde a cada administración local, en general, elaborar su propio plan de prevención de incendios forestales, siendo en algunas Comunidades Autónomas obligatorio para todos los municipios con terreno forestal y en otras sólo en las zonas identificadas como de alto riesgo. También las urbanizaciones y otro tipo de infraestructuras existentes en esa zona de interfaz deben contar con ese instrumento preventivo. Desgraciadamente, raro es encontrarse con una urbanización que haya hecho los deberes. No existe una percepción real del riesgo.

En este contexto real, los incendios forestales que afectan a estas zonas de interfaz resultan de una complejidad extrema. Si al riesgo de incendio forestal propio de los ecosistemas mediterráneos se le añade en el caso de España, por su perfil de potencia turística, la afluencia masiva de visitantes coincidiendo mayoritariamente con la época más seca (con mayor probabilidad de ocurrencia de incendios y de que éstos sean más virulentos) y la presencia masiva de zonas residenciales entrelazadas con terrenos agroforestales nos muestran un escenario terrorífico.

Actualmente los medios de extinción y de protección civil no pueden ni deben asumir toda la responsabilidad y no pueden ponerse en una situación de riesgo continuo, particularmente si no se han observado las mínimas normas de autoprotección y prevención. No estamos hablando sólo de un problema medioambiental, se trata de un problema de seguridad nacional.

COLEGIO OFICIAL DE INGENIEROS TÉCNICOS FORESTALES Y GRADUADOS EN INGENIERÍA FORESTAL Y DEL MEDIO NATURAL

 

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