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Ángel Orensanz suma su arte a los féretros de ATAUDES GALLEGO

Ángel Orensanz es un consagrado escultor formado en Barcelona y París, emplazado actualmente en Nueva York, donde a principios de los 80 inauguró su estudio de arte.

«Porque el paisaje cambia muy poco. Mientras, hay demasiado ritmo, una mudanza constante. Pero como la persona es tan efímera en parte, necesita de estos excesos. Que luego se apagan, desaparecen, vuelven y se repiten. Y no muy lejanos unos de otros», explica el artista aragonés.

 

¿Qué representa la escultura que Vd. ha incorporado a esta familia de ataúdes?

 

Para mí, es una gran obra de arte. Porque esas manos han sufrido, unas se ven liberadas, otras piden justicia, sentido, comprensión, filosofía, orden… y una gran cantidad de cosas de muchísima expresión.

 

¿Por qué ha imaginado Vd. esta obra para un ataúd?

 

Su ubicación ideal es un ataúd, aunque podría incorporarse a otras cosas, porque es polivalente, poli intelectual, accesible a varias manifestaciones. Dotado de lenguaje internacional, la obra posee carácter universal.

 

¿Le ha hecho ilusión colaborar con ATAUDES GALLEGO en este proyecto?

 

Muchísima. Para mí esta obra es un entendimiento y una evocación para proponer a la gente que sea más alegre, más simpática, más atrayente. Me quedo con lo que es positivo, con lo que yo creo. En un ataúd, el contexto es perdurable, existente y comunicante.

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