jueves , 21 de noviembre de 2019

Ha sobrevolado las regiones afectadas para constatar la magnitud real del problema.


A pesar de que la tasa de deforestación en la Amazonia haya aumentado un 75% entre 2012 y 2015, el ministro de la Oficina Civil, Eliseu Padilha, y el presidente de Brasil, Michel Temer, tienen la intención de eliminar una Unidad de Conservación y reducir en un 40% la superficie de otras cuatro. Esta medida pondría fin a la protección de alrededor de un millón de hectáreas de bosque (un área un poco más grande que la zona urbana de Londres) y entregaría estas zonas a los ladrones y usurpadores de tierras.

“Si el señor Temer acepta la propuesta de reducir las Unidades de Conservación, alentará a quienes destruyen la selva tropical y traicionará a aquellos que han trabajado para ayudar a Brasil a preservarla. Reducir las áreas protegidas en un momento en que las tasas de deforestación están aumentando es lo opuesto a lo que Brasil necesita para combatir la destrucción de los bosques”, ha declarado Cristiane Mazzetti, portavoz de Greenpeace Brasil en la Amazonia.

Las Unidades de Conservación que están en peligro por estos planes gubernamentales se ubican en una región extremadamente estratégica que actúa como barrera ante el avance de la deforestación y la ocupación ilegal. El estado de Amazonas en Brasil es conocido por albergar la mayor área continua de selva tropical amazónica, selva que incluye áreas forestales intactas. Si esas áreas se pierden, muchos servicios ambientales que proporcionan estos bosques al planeta pueden verse comprometidos. Ya en 2016, la deforestación en el estado de Amazonas creció un 54% respecto al año anterior.

Los parlamentarios brasileños del estado de Amazonas argumentan que las Unidades de Conservación son obstáculos para las inversiones en el sector rural. Greenpeace Brasil ha sobrevolado la región para documentar posibles ocupaciones humanas y señales de tala, agricultura y otras actividades, así como para capturar imágenes del bosque afectado por esta propuesta.

La organización ecologista denuncia que los planes del Gobierno de Brasil de reducir cuatro áreas protegidas de la selva amazónica abriría un millón de hectáreas de bosques a la deforestación

El sobrevuelo de esta zona mostró grandes áreas de bosque bien conservado, con poca evidencia de ocupaciones aparte de alguna explotación de minería de oro y carreteras, estas últimas utilizables potencialmente para la tala de madera o nuevas granjas. Alrededor de los bordes de estas Unidades de Conservación se encontraron muestras de deforestación y zonas recientemente quemadas, indicativos de posibles carreteras, granjas de ganado, invasión de tierras o explotaciones forestales.

En un momento en que Brasil debe tomar medidas urgentes para reducir la deforestación, esta nueva política supone un serio retroceso para la conservación del medio ambiente, especialmente en la Amazonia. Al considerar la propuesta de los parlamentarios, el gobierno brasileño está comprometiendo seriamente sus compromisos adquiridos al firmar el Acuerdo de París para luchar contra el calentamiento global. También rompe las promesas hechas con los países donantes internacionales, como Noruega y Alemania, que apoyaron al país en sus esfuerzos por controlar la deforestación en la Amazonia en los últimos años.

“La creación de Unidades de Conservación fue una estrategia exitosa que contribuyó a reducir la tasa de deforestación en la Amazonia entre 2005 y 2012. La reducción de estas áreas protegidas en un momento en que las tasas de deforestación están aumentando es hacer justo lo contrario de lo que Brasil necesita para combatir la destrucción de la selva amazónica. Con esta propuesta, el gobierno daría luz verde a los invasores de tierras, lo que resultaría en tasas de deforestación aún más altas”, concluye Mazzetti.

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