jueves , 25 de abril de 2019

Lograr el equilibrio entre la conservación y mejora de los montes y un buen resultado económico es imprescindible.


Los ingenieros de Montes queremos que los bosques puedan servir más a la sociedad”, afirma Eduardo Rojas, decano del Colegio de Ingenieros de Montes, coincidiendo con el Día de las Montañas, que se celebró a nivel mundial el pasado día 11 de diciembre. Desde los tiempos más remotos la montaña ha sido fuente de vida, de alimento, de energía y de refugio para el hombre. “Hoy en día, además, es fuente de salud, de ocio y la herramienta más sencilla para combatir el cambio climático”.

Un total de 913 millones de personas viven en montañas del mundo entero, un 13% de la población mundial, según la Organización de las Naciones Unidas. Durante generaciones se han adaptado a la vida en zonas remotas y lejanas de los núcleos urbanos, dedicadas a la agricultura en su mayoría, y expuestas a una situación muchas veces de precariedad y lucha por la subsistencia.

Un total de 913 millones de personas viven en montañas del mundo entero, un 13% de la población mundial

Hoy las montañas nos ofrecen una serie de servicios que no podemos desaprovechar –insiste el decano de los ingenieros de Montes-. Del alimento y las materias primas básicas que el hombre ha obtenido de los bosques a los largo de los siglos hemos llegado a un momento histórico en el que debemos reconocer a la montaña los servicios medioambientales que presta a la sociedad, y aprovechar las oportunidades de negocio que nos brinda. Es imprescindible dar valor al CO2 que sus árboles fijan durante su crecimiento, a la calidad de las aguas que nos garantiza; a que las montañas con bosques en buen estado evitan corrimientos de tierra y otros desastres naturales y son fuente de biodiversidad”. Para Rojas, y para el colectivo que representa, los bosques ofrecen también buenas opciones para emprender: “El uso de materias primas de origen biológico se va introduciendo poco a poco en la industria; el uso de la madera en la arquitectura más moderna ya es un hecho; actividades como la extracción de la resina ha resurgido de sus cenizas en los últimos años; y al auge de productos gastronómicos como las setas o la trufa han permitido a emprendedores de áreas rurales y de montaña encontrar un hueco en el mercado”.

 

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Todo ello fortalece el concepto de bioeconomía que debemos buscar en el avance de la sostenibilidad –defiende Rojas-. Lograr el equilibrio entre la conservación y mejora de los montes y un buen resultado económico es imprescindible. Pero para ello es necesario que seamos capaces de crear empleo para evitar el grave problema de despoblación que sufren las zonas rurales. En nuestro país la tendencia previsible es de colapso en pocos años debido al envejecimiento”. Para evitarlo, el Colegio de Ingenieros de Monte advierte de la necesidad de crear servicios tan básicos como la educación accesible para todos los habitantes de zonas remotas, pero también lograr la integración del sector primario (agricultura, forestal, mar) con la perspectiva ambiental en un sentido de transformación del modelo económico y no de freno al mismo que solo consigue mantener las ineficiencias ambientales, sociales y económicas actuales.

La gestión sostenible de la montaña

El desarrollo sostenible de las montañas requiere de una gestión adecuada desarrollada por profesionales cualificados que permita suministrar bienes y servicios a los habitantes locales, ahora y en el futuro. Bajo una buena dirección en medio ambiente, economía, asuntos sociales, políticos y culturales, el desarrollo sostenible de la montaña permitirá la mejora de la condición de vida de sus habitantes y la garantía de la perpetuación de los ecosistemas.

We love mountains

El Colegio de Ingenieros de Montes es impulsor y coordinador de las actividades en España de la plataforma #welovemountains, una fórmula global y creativa organizada para que la sociedad civil amante del monte y la montaña pueda celebrar la fiesta de su día internacional. En Benissa coordinó el pasado domingo una subida a la Sèrra de Bernia, en Alicante; y en Madrid la subida al monte Abantos (1.763 m), en San Lorenzo de El Escorial, con la colaboración del CEA Arboreto Luis Ceballos, la Mutualidad de la Ingeniería y la empresa ONAS Deportes de Montaña.

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