lunes , 16 de septiembre de 2019

La comarca de Coca, en Segovia, puso en marcha un proyecto para reactivar la resinación hace casi 20 años.


Un reportaje de David López Corralo

 

El trabajo de resinero está en auge en España, donde se estima que en la actualidad hay 1.600 personas que se dedican de manera oficial a ello. Una cifra que se espera ascienda a las 3.000 en el año 2020, con 30.000 toneladas de producción y 300.000 hectáreas en producción.

Se trata de un oficio que empezó a repuntar con fuerza hace cinco o seis años, debido, principalmente, a dos factores: la crisis económica que afectó a nuestro país y la menor producción de resina en China.

Esto último fue debido a que los chinos, ante la subida de su nivel de vida y su mayor desarrollo urbanístico, dejaron de ser los mayores exportadores de resina del mundo. Con un mercado internacional desabastecido, España parece que ha sabido aprovecharse.

“Ante la demanda por parte del mercado de resina, en España se vio que era posible retomar un negocio que marchó muy bien en los años 60”, explica Fernando Nájera, secretario de la Asociación Forestal de Segovia.

Fue la comarca de Coca la que puso en marcha un proyecto de resinación en marzo de 1998, volviendo a abrir una explotación resinera para así reactivar el sector en España. “Decir en ese momento que China en 2020 iba a ser un receptor de resina era una locura, pero estaba claro que para potenciar su industria necesitaría de su medio rural, algo similar a lo que ya ocurrió en España”, asegura Juan Carlos Álvarez, ex alcalde de Coca y actual senador del PP. “En 2014 los chinos ya venían a comprar aquí resina”, matiza.

Desde que se presentó el proyecto en Coca, una promesa electoral de Álvarez, el camino para reactivar el sector resinero en España ha estado lleno de espinas. “Hubo muchos problemas para que nos dejaran resinar en un primer momento. Luego conseguir que no solo se permitiera en los pinos viejos, sino también en los nuevos como un símbolo de estabilidad del sector”, recuerda el ex alcalde de Coca.

Pero el principal problema es la situación fiscal, marcada por un IVA abusivo. “Gracias a la buena labor de Juan Carlos Álvarez se ha logrado que los resineros tributen bajo el régimen especial agrario, pero no hay nada claro en cuanto a los propietarios”, reconoce Nájera.

Otro inconveniente fue que no se han hecho plantaciones específicas para este tipo de trabajos, como ocurre en Brasil donde todos los pinos están en línea recta, lo que favorece su acceso. Así como la mejora de las técnicas de resinación, que pese a haber evolucionado, no lo han hecho como en otros sectores.

COMPLEMENTAR EL TRABAJO

La campaña de la resinación comienza a finales de marzo y finaliza a mediados del mes de noviembre. La primera remesa es en junio y luego hay dos o tres remesas más. Es un trabajo que ocupa nueve meses del año, por lo que se están buscando alternativas por parte de las administraciones, como trabajos en el bosque, para que las personas que se dedican a la resinación puedan trabajar durante los 12 meses del año.

Se resina durante esos meses ya que en climas fríos es cuando empieza a moverse la savia. Durante los meses de invierno se produce un cortocircuito del ciclo de la savia elaborada por el propio vegetativo del árbol. Algo que no ocurre en algunas zonas de Brasil, donde los resineros si trabajan los 12 meses del año en la extracción de resina.

“Una solución para que ese trabajo del resinero se prolongara por 12 meses podría ser que ellos mismos se encargaran de la limpieza de los bosques donde resina”, esgrime Najera. Incluso, el secretario de la Asociación Forestal de Segovia va aún más lejos y apunta otra posibilidad: “Con la regulación en Castilla y León del aprovechamiento micológico, podrían ser los mismos resineros quienes se encargaran de recogida de las setas y su posterior venta. Sería una actividad complementaria a la de la resina y una solución que también podría aplicarse a los del Alto Tajo”, añade.

Lo que está claro es que el trabajo de resinero es una realidad en nuestro país. Hombres y mujeres se han echado de nuevo al monte para realizar una labor que el año pasado superó una producción de 12.000 toneladas, en unas 20 provincias españolas, principalmente de Castilla y León y Castilla-La Mancha, pero también de Extremadura, Madrid, Valencia, Andalucía y Galicia.

Y es que, tal y como indica Nájera, en una finca de 180 hectáreas, con unos 20.000 pinos, pueden vivir de la resina perfectamente cuatro o cinco familias. “En estos pueblos tan pequeños conseguir cinco o seis empleos directos, más los indirectos que también se generan, hace que sea un recurso vital para recuperar y fijar población”, puntualiza.

El buen momento del sector en provincias como Ávila o Segovia es palpable con la creación de fábricas resineras. En principio solo había una en Coca, a la que pronto se sumó una en Cuellar y desde hace un año ya se dio luz verde al proyecto para la creación de otra en la localidad de Navas del Oro.

“Aún nos queda mucho por hacer”, advierte Álvarez. “La logística es un aspecto fundamental, ya que muchos de los pueblos que tienen buenos montes para resinar están abandonados o no hay gente que quiera alquilar las viviendas. Habría que crear programas específicos que favorecieran el alquiler para los que deseen llevar a cabo esta labor y así dar vida a los pueblos”, explica.

Para finalizar, el senador del PP también recalca que habría que apostar por el consumo de la resina natural y no la sintética, como ocurre en muchos mercados. “Los políticas más acordes con el medio ambiente, ante o después, abogarán por la resina natural, por lo que es una apuesta de futuro”, concluye.

El esfuerzo y el proyecto que Coca puso en marcha hace ya 20 años ha sido un ejemplo para toda España. Además de ser la base para reactivar un sector que, año tras año, cuenta con mayor número de trabajadores y produce mayor número de toneladas, devolviendo a España al mercado internacional de la resina.

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