por

El arte de restaurar con tablillas de madera de haya

Javier Goicoa y Jesús María Larrañeta quieren mantener vivo este viejo oficio.

Javier Goicoa, originario de la zona de Irati, en Navarra, es uno de los últimos maestros tablilleros que quedan en España. Aunque aprendió el oficio de construir cubiertas con tablillas de madera en su juventud,  ha sido en los últimos años cuando ha podido practicarlo con mayor asiduidad, desde que en el año 2019 se decidió restaurar la cubierta de la ermita de la Virgen de las Nieves, en la Selva de Irati, con tablillas de madera de haya, tal como había sido construida originalmente. Desde entonces, junto a su compañero Jesús María Larrañeta, está haciendo una importantísima labor por evitar que los conocimientos asociados a este oficio se extingan.

​Su inicio en el oficio se produjo a una edad muy temprana, gracias a su vecino Fermín Elizondo, a quien ayudaba en su tiempo libre. El señor Elizondo, al igual que muchos otros artesanos de esta región navarra, se dedicaba a elaborar tablillas por encargo. Fue gracias a sus enseñanzas que Javier pudo adquirir la técnica y el conocimiento necesarios para producir sus propias tablillas. 

​Para comprender la razón por la cual los tejados de esta región eran cubiertos con tablillas de madera de haya es preciso tener en cuenta que, tradicionalmente, tanto el clima particular de cada zona como las materias primas disponibles en el territorio eran los que determinaban la forma y los materiales empleados en la construcción. De esta manera, la utilización de madera de haya en las cubiertas es una decisión lógica si se atiende a su disponibilidad y a las condiciones climáticas de la región.

En la zona montañosa del norte de Navarra, donde se registran copiosas nevadas, estas condiciones climáticas exigían que las cubiertas tuvieran una gran pendiente. Los materiales locales, principalmente la madera, se empleaban tanto para las armaduras de las cubiertas como para los propios elementos de cubrición. Por toda la región era frecuente encontrar tejados terminados con tablillas de madera de haya.

​A pesar de todas las ventajas que ofrecía este sistema de cubrición, algunos de sus inconvenientes contribuyeron a su gradual declive. Entre ellos se encontraban el riesgo de deformación y de putrefacción de las tablillas, así como, especialmente, el peligro de incendio cuando la madera se encontraba seca. Frente a estos problemas, las tejas planas de arcilla cocida, cuyo empleo pronto se extendió por toda la zona, ofrecían una serie de ventajas, lo que favoreció la progresiva sustitución de las tablillas de madera por estas últimas.

“Nosotros tenemos unos sitios adecuados para hacer las cortas. Tienen que ser hayas que se encuentren en zonas de monte sombrío. Cada vez que se corta un trocho hacemos las tablillas de inmediato, ya que no podemos cortarlo y dejarlo ahí. Las apilamos y las dejamos ocho o diez meses sin cubrir. Luego las ponemos en el tejado, hay que ponerles una clavijas y hay que mirar la veta de cómo debe estar colocada la tablilla”, explica Goicoa sobre su labor.

En la actualidad Javier y su compañero Jesús María Larrañeta se han propuesto culminar una importante tarea: transmitir su conocimiento a una nueva generación de tablilleros a través de cursos, exposiciones y demostraciones. Su objetivo es garantizar la conservación y la continuidad de un oficio casi extinto.

“Una vez jubilado me he dedicado casi en cuerpo y alma a recuperar el oficio de tablillero, que veía que se estaba perdiendo.  Queremos que vuelva a surgir el oficio o por lo menos que no se olvide”, asegura Goicoa, de ahí el proyecto de la escuela.  “Con la escuela que queremos montar y lo que estamos hablando a la gente vamos a ver si es un oficio que sigue y no cae en el olvido”.

Para terminar, este jubilado, junto a Jesús María Larrañeta, tiene en mente como próximo trabajo el proyecto de cubrir una carbonea tal cual era.